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acerca del método
de actuación

Reflexiones y diálogos acerca del método
Nora Moseinco junto a docentes en proceso de formación

En una primera instancia de la formación, las acciones del alumno/actor para investigar la interioridad, el imaginario lúdico personal, en el marco del pensamiento de esta escuela, tienden a ser desbordadas, sobreactuadas, caóticas. Es un material que no debería ser bello, ni siquiera esperanzador.

Lo mas parecido a un impulso, a dejar ir. Muchas veces genera pudor porque tiene que ver con cosas que el actor no aprecia, que subestima.

En esa primera instancia lo que celebro, como maestra, es la prueba, el coraje de soltar. No considero los resultados porque no esta ahí la movilidad. La acción, que es el verbo del actor, no tiene que ver con los efectos sino con dejar ir el accionar, sin interrupción.

Ningún acto es virtuoso, o revelador, pero sí es un acto sin interrupción, que el actor se atreve a legitimar, se convierte en un acto verdadero que revela algo.

Por lo tanto, una de las cosas mas complejas de dar clase para el maestro y el alumno, es dejar de querer ver cosas que consideran buenas y poner toda la atención en ver procedimientos de entrega. Desde mi perspectiva es lo único que importa.

Aquí sí, entran en juego los ejercicios, porque si el ejercicio te protege, la entrega puede ocurrir. Cuando digo que el ejercicio te protege quiero decir que no te propone que pienses en ideas sino que propone un movimiento posible para todos. Es decir que el ejercicio no propone ideas finales como: se trata de un padre agresivo, etc. Si no, un movimiento que le permite al actor accionar sin miedo y con sus propios impulsos. Por ejemplo, se trata de hablar y apagar el volumen de la voz al terminar las frases. Qué imágenes se activan, cuándo este accionar se instala? con qué imágenes interiores me encuentro? qué me aparece? Esa es la dinámica adentro/afuera.

Es decir que toda la atención del maestro y del alumno es la atención total a la prueba. Considerar que concentrarse en la prueba lo es todo. No es un acto intelectual, es una posibilidad que se da por efecto del tiempo de entrenamiento. O sea, es efecto de acumulación de muchas pruebas interrumpidas, caóticas, desdibujadas , pudorosas, intensas.

Para mi es muy importante esto: el cuerpo, la experiencia en el cuerpo es mucho mas lenta que la comprensión intelectual. Pero cuando el cuerpo comprende es conmovedor. Se convierte en una comprensión completa, es lo que llamo un acto emocional. No porque haya emociones específicas sino porque un cuerpo que esta presente totalmente es un cuerpo que conmueve. Es decir que el paso del tiempo en el proceso de trabajo es maravilloso, y la madurez creativa del alumno tiene mucho que ver con la relación con su propio miedo, con cierta distancia que va apareciendo en relación al miedo, a la ansiedad de resultados, que empieza a traer calma durante las pruebas hacia lo desconocido.

Maestro en formación: – Hay que ver cómo acompañar a aquel alumno que va a necesitar todo un proceso.

Nora Moseinco: – Bien aqui hay dos cosas que son interesantes: el maestro no hace futurología. No predice a cerca de lo que considera talentoso… El maestro esta ahí, completamente, con los alumnos que están como están en ese momento. La felicidad del maestro no es (y esa es la gran dificultad y el gran desafío docente) ver eso que podría pasar, sino ver al alumno cada vez mas libre de sus propias ideas, en el presente.
Entonces acompañar a alguien no es para que pueda mostrar las ideas que tiene, sino para que valore ir hacia donde no sabe.

Qué ven cuando el alumno trabaja? es una elección del maestro. Por eso el ejercicio es solo una excusa. Entienden que es mucho mas complejo de lo que parece?
Por supuesto que los ejercicios son importantes, pero si yo te ofrezco el esquema de una clase con todos ejercicios maravillosos, el asunto sigue siendo: qué ves? qué estás mirando como maestro? dónde atendés? qué estimulas? qué elegís ver?

Maestro en formación: – en sí mismo, el ejercicio no es nada.

Nora Moseinco: – No es que no tenga importancia, sino que lo que estás eligiendo ver es tan relevante, y es tan anterior a la escena, que es de mucho valor dedicarle atención, pensamiento y trabajo.

Maestro en formación: – Con “anterior”, a que te referis?

Nora Moseinco: -La idea de estimular alumnos porque sí, es agotadora. Es una idea entre comillas escolar, del maestro con bonanza, donde pareciera que el maestro es solamente bueno, con buenos sentimientos, un héroe. Pierde humanidad, singularidad.

Transformar la idea de estimular en el vacío, de ser un agitador por el pensamiento de dedicarle atención a “qué estoy viendo?” A entender que es una posición el acto de ver.

Lo más difícil es creer en lo que les estoy diciendo: nadie es malo trabajando sino que esta trabajando en una dirección equivocada, no esta yendo hacia lo desconocido. Está controlando su hacer. La premisa es:  “todos somos potentes”.

Esto no es una idea, es una condición humana. Por lo tanto el maestro es un guía, un canal. Pero si no preserva la creencia de la potencia del otro, va a ser un falso acompañante.

Inevitablemente va a seleccionar por empatía, por sus gustos, y va a ser más difícil acompañar afectivamente procesos mas lentos de trabajo .

Una alumna de doce años se levantó de un ejercicio y me dijo: “mi pensamiento es escolar. No puedo encontrar mis propias respuestas. solo pienso en términos de bien o mal”. Extraordinario, no? Esto es lo anterior, lo que hay que desarmar. Lo que impide el acto creativo natural. El binomio entre bien y mal. Esta alumna tuvo una inteligencia asombrosa al revelar este pensamiento luego de la experiencia de un ejercicio. En vez de pensar que no le gustaba lo que encontraba en su interior, que no era creativa. Y todo lo que la mayoría de nosotros pensamos continuamente y automáticamente, cuando estamos ante una experiencia creativa nueva. Cuando sentimos ese vértigo y el miedo a fracasar según nuestro parámetros de calidad. Tuvo ella la lucidez de entender que lo que necesitaba desarmar: es la idea anterior a esta desazón, la idea que moldea este sentir de lindo/feo. Sirvo/no sirvo. Gusto/no gusto. Éxito/fracaso.

Entonces esto conduce a la idea de que todos, o cualquiera es creativo.Cualquiera que se entrega a un procedimiento y se permite encontrar con la sorpresa de lo desconocido, se esta expresando de manera creativa. Esto es lo que fundamenta al trabajo. Cómo no va a haber caos, desproljidad, y cosas que nos parecen horribles en el proceso? Creer en lo que postulo a cerca de la potencia es permitir que suceda todo esto. Desconfiar de la premisa es evitarlo, irritarse ante el error, o hacer grandes esfuerzos por sobreponerse, siendo un impostor de la buena mirada.

Todos somos un conjunto de cosas poco interesantes, y en el medio de eso crecen y se cultivan zonas lucidas , de creación, todos lo somos. Esto relaja mucho al alumno y al maestro. Y pone en funcionamiento otros tipos de pensamiento. Es como empezar al revés de otros métodos de trabajo que dicen: “Yo soy interesante. Tengo ideas bárbaras, y quiero que aparezcan. Mostrárselas. Que las vean,y si no aparecen… Oh, no! Qué terror!”

Esto es lo que hace solemne el trabajo, este tipo de creencias. Que no se entraman con lo colectivo. Que en última instancia producen mucha soledad y aislamiento.

Pero creer en la potencia del otro, no tiene nada que ver con dejar que todo ocurra sin límites, con decirle que sí a todo. El límite es lo más parecido al afecto en este camino. Que el maestro pueda decir: “pará con esta prueba”. Que ponga ejercicios bien restrictivos, que agudicen la atención en una zona muy específica.

Que sea feroz con las reglas. Es fundamental para que el proceso de atención pueda darse.

El silencio, por ejemplo en el trabajo con chicos, es una condición fundamental de creación. Y el maestro debe ser implacable con esto.

Es decir: porque creo en la potencia, creo las condiciones para que trabajemos hacia ello, y no en cualquier marco.

Me puedo quedar varias horas hablando de esto. No es tan evidente… saben? No es fácil que ustedes crean que todos son creativos, Van a ver: no lo van a creer. (Risas).

Entonces, frente a un ejercicio de un alumno con dificultades, incómodo, uno cree que lo esta ayudando. Y, lo que está haciendo como maestro, es tratar de domesticar lo que uno profundamente considera que es un horror. Lo que me incomoda ver. Lo roto. Lo precario.

“Lo trato de poner lindo”.

Aquí entra a jugar lo más maravilloso que tenemos: el sentido del humor. Que el maestro, al igual que el alumno, pueda reconocer sin dramatizar, sus sentimientos de rechazo, de confusión, de ganas de huir, etc.

La levedad oscura
María Alché, (actríz, directora, alumna y docente)

Las clases de Nora siempre son leves. Las cosas se mueven de un modo suave, ameno, divertido y ocurrente. Las indicaciones de Nora siempre parecen envolventes. son físicas, pero a su vez mentales. Exige de nosotros una determinada predisposición mental, muy precisa: que hagamos las cosas para nosotros mismos. Que nada va a estar bien ni mal, si estamos concentrados en eso. Pareciera como un mantra, que también se dice a ella misma. No hay un bien ni un mal en lo que ocurre y es real, porque está ocurriendo.

Nora se vuelve reveladora, enunciando siempre lo simple y lo evidente, lo que de tan obvio, nadie se  atrevería a decir.  Pero en un momento algo ocurre. Algo que no se qué es, se produce, y una simple estructura arbitraria, quizás una consigna, una repetición de una forma, empieza a provocar un material que es de otro orden: a veces es siniestro, sórdido, oscuro, cómico, emotivo o profundo, o todo a la vez, o alguna de estas cualidades. Y como si uno tirara de un hilo muy finito, que no se sabe dónde empezó, estamos ante lo inaudíto: ante unas escenas de sueño, extrañas, donde los que hablan parecen ser un desdoblamiento de un personaje, una conciencia, una pesadilla. Los paisajes y las escena son como un fresco dantesco, a veces pienso que son paisajes imposibles que ocurren en un limbo. Se vuelven peligrosos, porque Nora no pretende entenderlo todo. Porque sabe perfectamente que si deja lugar a ese peligro, a ese abrir medio abismado de no entender, va a aparecer el misterio o el milagro de la escena. Y todos quedamos asombrados, ante ese pase mágico. A ese movimiento invisible, de actores expuestos probando al borde de fracasar y de repente se convierte en una escena magistral, donde te parecen los actores mas increíbles que viste en tu vida y lo que ocurre, se vuelve lo mas real del mundo.

Creo que ese pase mágico, ocurre por ese abrirse sin entender, o bien, por entender que la realidad de las cosas, está oculta detrás de algo, que solo se ve si uno entrecierra los ojos, mira con cierto mareo o distorsión de la realidad, y saliéndose de la percepción habitual que la sociedad nos impone en cuanto a género, sexo, tiempo, edad y todas las otras categorías.

Es como si la mirada de Nora, supiera librarse de todo eso, y mirar de otro modo. Ese otro modo, nos acerca a unos paisajes lyncheanos, misteriosos, imposibles, donde tampoco hay bien ni mal, ni juicio moral. Donde parece que las personas que mas sufren no son las que lloran, sino que las emociones circulan de un modo tangencial, completamente real y abierto, sin conclusiones, como la realidad misma.  Siempre me acuerdo de una frase que dijo: jugar es feroz. Creo que esas dos palabras asociadas juego y ferocidad, que aparentemente se opondrían, pueden ser una pista. Entender el juego como algo feroz, tremendo, despiadado. Entonces atreverse a jugar, es un montón, no es algo ingenuo, es algo que da vértigo y nos deja despojados de las ideas preconcebidas de nosotros mismos.

© 2017 Nora Moseinco / Escuela de actuación

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