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Cuando dejar de hacer muestras de fin de año se vuelve una oportunidad

Hace más de diez años que tomé la decisión de dejar de hacer muestras como cierre de cada ciclo.

El proceso de trabajo en la escuela es intenso y demanda del alumno una gran entrega. Se intenta trascender la idea de lo que está bien y lo que está mal, y también de lo que se considera “de calidad” en la actuación.

Para abordar su propio imaginario sin miedo, el alumno necesita recorrer mucho camino donde inevitablemente se termina encontrando con lo que no le gusta de sí mismo. Esta instancia pasa a ser una oportunidad clave: la actuación se enciende cuando se va hacia sus propios errores con calma y arrojo; abriéndose a la incomodidad y la incertidumbre. Es allí donde empieza a florecer la poética personal.

Durante muchos años, fuimos testigos de como la muestra de fin de año conspiraba contra la naturaleza de los procesos de aprendizaje, que son valiosísimos y se producen en instancias anteriores a vislumbrar una forma acabada. Los caminos creativos, sin interrumpirlos, se tornan más profundos y abiertos. No necesitan ser efectivos en un determinado momento ni para todos por igual.

Los intercambios de grupos que suceden en los meses de julio y diciembre son una manera deliciosa, a mi parecer, de encontrarse con otros alumnos, otras edades y otros maestros. Vitalizan la mirada, la perspectiva del trabajo al ver alumnos avanzados, y dinamizan los grupos.

La escuela tiene el tesoro de contar con alumnos que van, desde niños que se inician a los ocho años, adolescentes con muchos años de entrenamiento, hasta adultos avanzados y profesionales. Todos trabajando bajo el mismo método de actuación.

© 2017 Nora Moseinco / Escuela de actuación

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